lunes, 15 de julio de 2013




Iremos a la playa
por la tardecita
cuando el sol, cansado de su propio peso,
haya dejado de romper piedras
y de morder en las carnes
así, sus latigazos de fuego
más que mordeduras
será aleteos confundidos con la brisa.
Tú le ofrecerás tus labios abiertos de coral,
yo le robaré los versos que te quiera regalar,
en tu sonrisa veré el reflejo de su caída en las aguas
veré los peces nadando en tus ojos,
nidos de colores
carnales entonces los deseos en el regreso
cogidos de la mano
con el aire desnudo deshojando nuestros cuerpos
desbaratándolos   



lunes, 24 de junio de 2013





antes de que la madrugada abra los ojos

con la voz de la marea encendida

en rumores de orillas que gimen

y alzan pájaros nocturnos de espuma

antes de que la luz lo oscurezca todo

antes de que tu nombre estalle en mis manos

como frutas de agua

arriba

rasgando las cortinas espesas

del aire

asoma desnudo el instante,

luna azul,

donde escribo tu nombre

y lo pronuncio y lo hago eterno
 
                                                                  Quintín Alonso Méndez


A ese día y esa noche de abril

 

Qué tiene este día, que ya gime nada más nacer

qué tiene

que nació con la luna rota

con cicatrices de heridas en la cara

un día que no tiene pérdida

lleva la dirección marcada en la frente

con un beso de sal

y no es una lágrima lo que le ves en los ojos

es la brisa de isla que se desparrama

en tu piel de leche

en tu alma marina desangrada.

Qué tiene este día, su temblor náufrago,

que palpita y se abraza y te alza

qué tiene este día, amor, que titila desnudo


 
y se refugia en la sombra que anidas

y guareces

 

Esta noche no cabe en el tiempo

está pariendo la vida

ningún temporal, nada,

ni el mayor de los silencios, podrá tocarla.

Esta noche es la eternidad del mundo.

Ha nacido una isla

                           Quintín Alonso Méndez

  

domingo, 16 de junio de 2013





No hay palabras escondidas dentro de mis palabras que te nombran
en las orillas de las veredas de tu cuerpo se anida la serenada
veredas que besa el agua de lluvia, deshojada en pétalos violetas,
la mar entra por la ventana, desparrama las olas por los surcos de estos versos,
ahora duermes, me lo dice la brisa en susurros para no despertarte,
y por tus veredas fluyen navegan las flores del árbol de la isla
que se alimenta de la miel de los besos, desde que nacieron eternos.
No hay palabras escondidas dentro de mis palabras que te nombran
que son escritas y ya imborrables. Son labios y son manos que forjan el abrazo
que inventa el mundo, el verbo
tu nombre, amor

                                           Quintín Alonso Méndez


sábado, 15 de junio de 2013



Tu voz



Tu voz pertenece a los enramados invisibles del agua
 a las curvas canoras de la luz
voz que agita los dedos de la brisa
tendiéndola en sábanas de ternura,
Tu voz pertenece
libre
a las altas cumbres de los sueños
y aquí habita
en mis labios
que gotean versos
que aletean
y caen
niños
en tus manos de flores blancas

                                Quintín Alonso Méndez

viernes, 14 de junio de 2013




mujer de la brisa:

te escribo desde la orilla de la mesa

-un inmenso océano vacío sobre la mesa

al que te acercas en olas –dulcificas el aire-

de vez en cuando-

olas que hacen de tus manos hilos de agua,

que te caen resbalando desde la mirada

y se vierten en la fruta de tus labios

-es cuando sobre la mesa se posa un silencio

que es un rumor de marea inquieta

un ligero temblor de mariposas-

esa fugacidad de lo eterno

que se queda aquí

en la orilla

desde donde te escribo

 

mujer de la brisa:
Quintín Alonso Méndez
 (de Vienes del atardecer, poemario inédito)   

 

 

miércoles, 12 de junio de 2013



(2)    De El eco de las mareas calladas, sin publicar




Nació de un pozo oscuro, secreto. El silencio tiene estas cosas, que no sabe quedarse callado. Antes o después, se desparrama, lava líquida indetenible, silenciosa, por las páginas. No me importa que me abrase los dedos, las manos, las entrañas, que me deje sin cuerpo, ciego por las cuchilladas de lágrimas rojas. Estas páginas van a ser escritas. Porque hay historias que no empiezan a respirar hasta que no son sabidas, y yo quiero que esta historia respire, que se sepa viva para que sea viva, que no se marchiten nunca sus pétalos de rosas rojas, aunque a la otra parte de la distancia resulte ser que el olvido le sea una densa y azul neblina.
                                                                                 Quintín Alonso Méndez