jorge garcía
Viaje interminable (88)
jorge garcía
Viaje interminable (87)
Muchas veces no escribo el clima del paisaje, sus atmósferas,
sus particularidades,
sus honduras desheredadas, sus alturas a ras de yerba
con sus ínfulas de sensaciones y colores atribuidos al pasado;
no escribo la rotura de la carne, dejo que se me haga el
vacío como un suicidio,
un desconocimiento, un no saber ciego de lo que ácido y
luminoso se sabía;
en esas veces -en este ahora puedes contarla como una de las
muchas ellas-
impido que lo oscuro se apodere de sus territorios naturales,
dejo con su silencio a la luz, que se esparza en racimos de
bosques y besos frutales.
Entonces me vengo adentro, adonde el frío alumbra y la
penumbra es mansa,
escribo lo que no se entiende, la dulzura de la tristeza, como
si un gesto de voz dulce
con lágrimas rodara por el aire -oigo el susurro antiguo,
¡tan inocente!, de la marea-
la delicadeza con que los puñales se convierten en pétalos
que atraviesan y rasgan
los labios de un sueño, de cualquier sueño -nocivo y hereditario
es todo vuelo-,
escribo esta sutil estancia de no estar en ninguna parte
estando aquí,
hasta donde lejanamente llega pero llega el arco del júbilo
de lo que quiere vivir,
sensuales voces lejanas desde detrás de las montañas hechas gruesas
nubes,
dentro de la oceánica muralla del horizonte
jorge garcía
Viaje interminable (86)
Te nombro y es seda, pero una seda silenciosa, como si no te
hubiese nombrado
y el eco viniese de vuelta de un remoto lugar no habitable y
no habitado.
Me dicen los azules pájaros inalcanzables
que tenían piel los sueños por los que volabas.
Ahora es silencio de mar
rumor de silencio,
como si condena las olas no encontrasen dónde posarse.
Es de abejas la miel de la brisa y resbala como desnudez,
se hace lluvia dulce el aire,
roce de la noche en latidos de labios.
Surgen carnales los versos
como pétalos de luz,
el instante es un poema inacabado
del libro inacabado de la vida.
Irte se llama tristeza
Y el verso se hizo carne y nos habitó
jorge garcía
Viaje interminable (85)
El sueño se hace débil
(es fácil culpar al sueño de mis brazos voluntariamente
caídos
ante cualquier atisbo de abrir las alas)
dentro de lo más débil
como si fuese neblina de puerto fantasma flotando
sobre ningún océano
es férrea la voluntad de pisar firme suelo la materia cierta
aunque no se sepa dónde está la tierra ni el aire
(pero como un secreto bien guardado
una lágrima rueda por los recuerdos y se llama ternura)
(Viene la noche con música de tus labios
lo sé porque la noche se sienta a escucharte
y se deja mecer por pétalos de salitre
que solo pueden venir de lo más profundo del silencio)
como una dulce canción de árbol deshojándose
resbala por los adoquines la humedad con música de nostalgias
con el deseo íntimo de una mirada cálida de una sonrisa
dentro de los ojos
silenciosa la tarde de tiempo que regresa
más vacías las plazas
ninguna risa que le rompa la fría niebla al aire
en una mansedumbre que entristece
el tiempo no tiene edades
sí los recuerdos que permanecen
me acompañan a casa caminando la acuarela lánguida de la tarde
fue nocturna mirada de luna
un palmeral
un muro de piedra
tremulaban las hojas del desnudo árbol del deseo
y en susurrante desnudez de verano
la brisa acariciaba
nos habitaron reales los pájaros del sueño
cayeron hacia dentro los primeros dátiles de nuestros labios
largo fue el hola acercándose de lo lejos
raudo y certero el adiós como una muerte
Con el paso del tiempo las fechas son como islotes que se
vislumbran desde lejos
como estacas clavadas en el territorio de la existencia
solitarias estacas aisladas y algunas entrelazadas con el hilo
de la misma madeja
algunas vivas y encendidas como volcanes
otras apagadas como cementerios
algunas aún sangran mientras otras languidecen
símbolos que marcan en fuego sobre la piedra como estigmas
continentes o islas que quizás nos pertenecen o nos
pertenecieron
norays que nos indican los puertos en los que hemos atracado
si fuese la vista del águila se vería que son mástiles con
las velas desplegadas
pero en la estepa solitaria de los secos silencios de entre
todas las fechas
como ave o lluvia inaccesible
en las más elevadas alturas
grabada en la piel del álgido anhelo
destaca como llamarada el fulgir de la fecha sin número
del descubrimiento del océano de tus ojos