jueves, 17 de julio de 2014
miércoles, 16 de julio de 2014
El nacimiento
La fiesta de las gaviotas revoloteando la torre
que mira al cielo
y donde se le fortalecen las alas
al vuelo que nace y día a día crece
elevándose.
Un día remoto día
vi nacer un vuelo
para luego verle el derrumbe
hoy desde este suelo sin tierra firme
que naufraga hundiéndose
veo este vuelo que se inicia
y se elevará alto para llegar lejos
lo verás surcar tu playa tus sueños
no te dirá nada
sólo el saludo de un silencio
tú posarás una sonrisa en el nido de un
beso
Quintín Alonso Méndez
jueves, 10 de julio de 2014

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¿Hablarte de ella? Sólo en la lengua
de signos se encuentran
esos gestos, esas expresiones con los
que podría hablarte de ella.
Ninguna palabra inventada, venida
desde lo más adentro de las entrañas,
se acerca, ni siquiera al roce se
acerca, para definirla o dibujarla.
Tampoco las palabras más bellas,
amasadas en la miel del oro,
acercarían el brillo de su fruto al
resplandor de la luz que desprende.
No hay sabor ni textura que te
aproxime a las riquezas de su presencia,
ningún océano cabe en la infinitud de
su mirada dulce de agua.
¿Hablarte de ella?, decirte, así por
encima decirte, que en cada gota de tiempo
la pienso y el mundo se me estremece,
es nombrarla y es la Vida.
Ahora mismo sólo se me ocurre una
palabra, que no llega, que no llega,
pero que me estalla en los labios,
sangrándome: Estrella
En blanco
todo en blanco
el paisaje de la página en blanco
el sueño
ese barco sin blancas velas
hundido en el blanco de la página
y dentro de la página las palabras en
blanco
blancas las letras blancas
sumergidas en la blanca tela
de la página en blanco
naufragando en el ciego blanco
sábanas blancas
signos blancos que naufragan
sin manos blancas que acojan
que se deslicen como flores blancas
por el blanco de la página
donde la gata se hunde en el blanco
y yo me hundo acariciándola
con vacías caricias blancas
con las letras
con las palabras blancas
en el hondo hocico de la página en
blanco
Quintín Alonso Méndez
martes, 8 de julio de 2014
Deseo inútil
Para olvidarte, me olvidé de mi
persona. Ahí la dejé tirada, revolcándose en sus miedos, en sus insomnios, en
sus lastimosas y cobardes tristezas. Nadie es más poca cosa que yo. Dejé de
hablarme, de aguantar mis penosos lamentos, de oírme mis propias palabras,
continuos y falsos funerales, sin flores, sin tumbas, le corté las alas a la
memoria. Dejé de escribirme cartas, poemas absurdos sin destinatario ni destino.
Dejé que lo días fueran haciendo su paciente labor de deterioro, que los gusanos
hijos de lo que se muere me fueran habitando. Con mis propias manos, sin miramientos,
me arranqué los sueños, cavé en la tierra, los enterré desangrándose, aún palpitando
ingenuos. Le borré las huellas a todos los caminos de vuelta, incendié los puntos
cardinales, sus cenizas tomaron formas de pájaros negros, sin ojos. Me fui de mí.
Para que me olvides, me hago olvido
Quintín Alonso Méndez
eledendesalome.wordpress.com
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