Te escribo en noche mágica que
murmura marea reposada con música de frutales sabores marinos, como si la voz
tuya estallara en la espuma abriéndose en flores de agua, púdica desnudez de la
miel de las abejas, cubierta por arenosas sábanas de seda tejidas por las hebras
de miel de las abejas que te envuelven, de sedoso salitre extendiéndose por la nocturna
brisa apacible, tierna, melodiosa como baile de mariposas rozándote los ojos,
la ola de tus labios. Te escribo por el impúdico egoísmo de sentirte a mi lado.
Escribirte es estar contigo. Luego cerraré los ojos para querer soñarte y
verte. Pero ahora estás aquí, y dejas que te escriba, que mire el suave y dulce
mecerse de las olas, que me deje llevar por el vuelo de luciérnagas de los
sueños, dejas que sea como si fuera mirarte. Te escribo soñándote. Luego
cerraré los ojos para querer soñarte. Sorprendida y confusa, es dulce mi
sonrisa mientras evoco tu sonrisa dulce. Mañana, como ritual mágico de cada
día, bajaré a la costa, anhelando verte
Hola, te digo, le digo a este rumor
dulce de ensalitrada marea que me acompaña hablándome de ti. La mano roza la
escritura y es tu mano que roza mi mano. Las gaviotas de la noche son los besos
que mecen las olas. No es tristeza lo que acude a mis ojos, es ternura infinita
por sentirte a mi lado
Te escribo en noche de mágico oleaje,
neblina del salitre envuelve el aire, como de nostalgias o de sueños opiáceos
navegando por espesura mágica de bosques marinos, que en susurros de olas
quebrándose, astillas de espumas desprendidas del agua, como si de besos
gimientes buscándote, me habla de ti



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