martes, 17 de febrero de 2015
miércoles, 11 de febrero de 2015
De «Póstuma, poesía
anónima»
De «entre nadas»
Entre después del tiempo y después del adiós
están estas páginas lentamente escritas para saborear la pérdida,
errar por las tierras baldías de las nadas, entre nadas,
porque nada fue y nada será, y aquí, entre nadas,
están estos días hechos a propósito para sin prisas caminar
los últimos pliegues del camino.
Cada página será un mes, una semana, un día, un instante,
aquí los viviré, entre palabras, entre vacíos oscuros y vacíos en blanco,
entre insomnios, silencios, largos silencios que son olvidos, cigarros,
insomnios, más silencios
Quintín Alonso Méndez
sábado, 7 de febrero de 2015
De «Poesía póstuma, anónima»
Después del tiempo
Después del tiempo es noche perpetua
aislada noche sin paisajes a los que asirse
indefensas las fieras nocturnas ante la más fiera oscuridad
rota la boca del agua
deshilada la palabra que estuvo
no hay mano que sostenga el peso del abismo.
después del tiempo vino lo que no vendrá
los versos aquellos que no fueron escritos
el hachazo inmortal del último hálito
quemó sus bosques
Quintín Alonso Méndez
miércoles, 4 de febrero de 2015
De «Poesía póstuma»
Este silencio
cava abismos como fosas
donde planta palomas negras,
deja que la lluvia inunde las palabras
y sean tragadas por la tierra hecha océano.
Este silencio
parecido al hondo eco de cántaro de la ausencia,
es solo abandono desde el arribo de la tristeza.
Miles de barcas encalladas en la costa
semejan gaviotas desde las altas lomas de los ojos ciegos.
Este silencio,
región imprecisa sin pájaros, sin voces,
porque quizás una isla sin mar es una casa sin recuerdos,
un navegar errante en un charco sin agua,
es región donde abundan los encarcelados sueños.
En este silencio fruto del silencio, el aire no tiene piel.
La luz que alumbra es la mirada oscura
de los bosques carbonizados
Quintín Alonso Méndez
viernes, 30 de enero de 2015
De «Poesía póstuma, anónima»
En cada rama de árbol de agua de noche
habita un planeta con ojos tristes.
Habitantes que fueron del pasado.
De cuando la luz era una remota
distancia
y el camino un solitario regreso a
oscuras.
Eran búhos los ojos de la noche.
Ninguna voz en los tejados ni en la
puerta de casa.
Cada tarde caía el miedo en mis manos,
eran pesadas alas sin pájaros,
ahí se quedaba el miedo,
hasta el anuncio del primer sol.
No se ha ido, cada tarde vuelve.
El menudo día lo caminaba despacio.
Así lo camino ahora, es seco páramo
el paisaje,
los recuerdos no han dejado nada,
todo se lo llevaron quienes todo
trajeron,
así lo camino, despojado,
tirando de sus hebras de luz en torpe
intento
de que no llegue la penumbra de la
tarde.
Pero llega. Nunca se irá. Planeta de
vértigos
Quintín Alonso Méndez
miércoles, 21 de enero de 2015
Del libro de poemas «Poesía póstuma»
perdido en la escritura,
y al salir de ella
perdido en la jungla del mundo
anónimo
Después del silencio
¿Qué hay detrás del silencio? Estuve allí.
Toqué la materia del verso nunca escrito,
el latido de la roca, la parálisis de su pulso ciego.
Detrás del silencio está el infinito mundo del no regreso.
¿Y después, qué hay después del silencio? Ahí estoy.
Como una barca sin mar o una seca rama sin árbol.
No pueden ser leídas a ese lado, en las tierras del antes,
las palabras escritas en la otra parte y que dibujan el después,
son palabras que se quedan a oscuras dentro del olvido,
pero si se pudieran llevar a las tierras del antes y fuesen vestidas de letras,
esas palabras delicadamente vestidas dirían que el después del silencio
es ese abismo que se sabe, si por cosa del destino no existiera el horizonte.
Al lado de acá, adonde se llega después del silencio, como un guásamo,
estas inhóspitas e ignoradas tierras del después
son las legendarias tierras donde inmolada la esperanza,
la escuálida indiferencia es la única habitadora
Quintín Alonso Méndez
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