La piel del verso
Es
trémula
llama
el delicado balanceo de las ramas en
el jardín
parpadeo de amarillos ojos invisibles
en los pétalos
hilo de agua que resbala por el tallo
del rosal
palpita herido el rocío en sus
espinos
una sombra de sonrisa entre la yerba
que zigzaguea como lombriz
miro sentado en el muro de piedra
gotea sangre con la leche de la
tabaiba
la lagartija oye mi presencia y me
observa
reluce el oro del polen en el verde
del hinojo
la quietud me salva del dolor de la
última abeja
que agoniza dentro de la flor
envenenada
me dice el pájaro que detrás del
oscuro horizonte
de las secas tierras baldías
está el mar
la mariposa blanca se va con el sol
-este gesto de los dedos
queriendo palpar el beso-
suena lejana en la espuma de la marea
la ausencia de la voz
Es
trémula
llama
Quintín Alonso Méndez
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