Verso de la maldad, moribundo entre las ruinas,
aún es capaz, en lo más débil,
de gritarle su rabia al mundo de los cobardes,
armados de cruces, uniformes y armas,
de escribir en el desamparo la lujuria del soñarte,
de morderme las heridas para que no aúllen su dolor.
Verso de la maldad, aún se viste de ternura
y se encumbra en la soledad y te desnuda
con la salvaje suavidad de la enfebrecida lujuria
vestida del ansia del estremecido beberte.
Verso de la maldad, incendiario de cárceles,
eterno en su impudicia para eternizarte,
para insistir día a día en romper las cadenas.
Aunque la muerte haya venido
Has venido a quedarte aunque nunca estés




















