Estoy asustado. El pájaro brinca diciéndome que está.
No lo veo, metido en la espesura del árbol de la oscuridad.
Pero está, me llega, como música del otro lado,
el roce de las alas con las ramas del árbol oscuro.
Siempre hubo mar. No lo veo, pero me llegan sus latidos
de soledades oscuras, de marinas arboledas sin árboles.
Latidos de algas en la orilla haciéndose musgo para respirar.
Asustado. Si dijera tengo miedo, diría que estoy asustado.
Pero el miedo siempre estuvo, desde antes del origen.
Asustado es la palabra que leo, colgando sobre el abismo
(miedo de no saber llegarte)




















