Sorprendido de que la belleza de la materia sea tan real,
tan cercana cuando mis ojos te miran
como si roces desnudos de las miradas,
tan viva, exuberante y lujuriosa.
Palpitante como fruta del paraíso en la boca.
Tan de plenitud el éxtasis de querer sentir tus latidos,
de querer morder en el húmedo temblor de tu voz rota.
Escribo en la mañana fría con temblores de la fiebre,
débil te pienso,
queriendo la luz luminosa que me salve y me lleve
adonde le esencia del verte




















