Vengo a verte donde el tiempo oscuro
y las mareas largas,
en las estrías de las rocas negras desgarradas por las olas.
Donde la cerveza tenía la brisa de tus gestos azules del
trigo,
la miel impúdica del sueño.
Vengo a verte a diario, en la noche, en el día,
en el prodigio de las flores, en el rumor de las abejas.
Vengo a verte con cada verso destilado de la sed,
del vértigo,
de la savia del mágico árbol de buscarte,
escritura del anhelo
El cielo se abre al mar,
así los sueños a la hondura de tus ojos,
así el verso a la esencia de saberte




















