Estás aquí,
en distancias que son hebras de miel,
envuelta en neblina sedosa
de seda desprendida de tu piel.
Puente resbaladizo por el que resbala
mi fiebre de tu néctar.
Estás, desde tus distancias de otras esferas,
sabes que estás,
en la mórbida desnudez del verso,
y estoy en la sed de tus olas, de tus dunas,
de tus rosas. Sed del deseo.
En la oscuridad, en el estallido del alba,
sabes que estás, desnuda con mi desnudez,
aunque nunca estés
Me pertenece el deseo de tus besos
y me pertenece la tristeza de no besarlos




















