Este cuerpo mío se está cansando de mí,
de mis delirios vanos, de mis días arañando vacíos.
La luz eterna del salitre en la arena
yace enredada en caracolas de algas,
roe en los huesos de los besos que naufragaron,
en los labios que no llegaron a puerto,
mar de las honduras.
Solo la tristeza sabe del canto abandonado
en la orilla de los sueños,
varados entre las rocas.
Solo tu cuerpo inalcanzado sabe de mi sed muerta
perdida en la nada,
hundida en las profundidades
del océano de los huesos astillados
por las mareas del tiempo
Como insiste el invierno con sus fríos que muerden,
insiste el poema en hogueras de recorrerte,
de ser materia en la intimidad de tu cuerpo




















