Te escribí desde días grises
pintados de niebla,
desde tardes soleadas
manchadas de sol,
te escribí desde noches
llenas de silencios y rumores,
con oleajes de sueños
atados a las sombras,
con la timidez descalza.
Te escribo en vientos cortos
de afilados fierros
de febrero yéndose,
al descubierto,
como si en gritos llamándote
al ritual del verso




















