miércoles, 19 de febrero de 2025

 

Versosdelaplenitud 44




Por el camino me crucé con una abeja que iba camino de las flores de agua que nacen y crecen en la costa, en los acantilados, nos reconocimos sin necesidad de mirarnos, pero nos miramos en el fugaz encuentro de una mirada de vuelo, ya nos habíamos visto de otras muertes, de otros instantes de vida tan escasos como injustos, una mariposa blanca atravesó la luz del sol, revoloteó por las flores. No estás y me preguntas en qué pienso, o me lo pregunta la ausencia del yo que se ha ido, del sueño que se posó en unos labios que volaron en busca de las flores del paraíso

 

La abeja a diario viene a verme, y el pájaro, y la gaviota con su pareja y su nueva cría, la mariposa, la libélula, el mirlo, la alpispa, la lagartija aquí, cuidándome, protegiendo la luz de las cuatro estaciones paseando por casa, habitándola, un susurro de marea meciendo los sueños y los recuerdos y esta tarde de presencias que me envuelven, no importa que ausentes, y que a diario vienen a verme

 

Y cuando la noche se cierra en su bóveda de lo infinito, las menudencias de la vida se posan como mariposas o abejas en las manos vacías que aún sienten el roce de aquellas miradas, del aquél abrazo que titiló estremecido, de la sonrisa aquella que besó como labios, esta infinitud de lo menudo que me hace inmensidad en la existencia, inmenso como el firmamento, infinitas las sensaciones que me habitan y me dan el aire, y cierro los ojos buscando el sueño que me regresa al aire libre y soñador, con mis gracias infinitas a todos los seres que me han dado esas partículas que necesito para saberme vivo, a ti, que siempre vienes a visitarme donde el latido de los sueños, donde en la escritura, enjambre de los sentidos, te encuentro

 

quintín alonso méndez


 


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