Los ropajes del poema, así como de la
vida,
su alimento, su armadura,
son las palabras sencillas que van a
ninguna parte,
solo andan el camino.
Como de siembras y cosechas, recoge
gestos, miradas, brisa,
la lluvia de un beso, el sol áspero
de un silencio alejándose,
buscan la búsqueda, el nido de un
pájaro entre las ramas,
el roce de una sonrisa, los labios de
tu boca besándome,
y mientras camina por renglones que
son olas,
esparce los versos por el camino, el
viento se los lleva
o se posan frágiles y débiles
donde tus manos los acogen en tu océano