El tiempo se me echa encima, con prisas de lo inacabado.
Como si de pronto todos los años antiguos
se volcaran sobre mi cuerpo débil,
débiles los huesos, perdiéndose los recuerdos en la niebla.
Y camino lento, para mejor llegar adonde no se llega,
solo ruinas a los lados del camino, solo las piedras respiran,
tristes los árboles, secas sus ramas, tristes los pájaros de
los vuelos.
Cada día me detengo en el tronco viejo,
donde grabado a sangre y fuego tu nombre,
traída del sencillo jardín de los versos,
deposito una rosa amarilla en la tierra pobre.
Las lágrimas ya no lloran, lloran los vacíos del silencio
Luz Brisa Tú
Luz que me abre los ojos
al universo de los prodigios
Brisa del salitre
que dulce mece los sueños
donde te encuentro
y me sumerjo
Tú
Toda Tú Magia de los sentidos



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